Este lunes se confirmó el fallecimiento de monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua y quien encabezó la Diócesis de Osorno entre 1994 y 2003. La noticia fue recibida con pesar por la comunidad católica y organizaciones sociales, que destacaron su compromiso pastoral y su permanente defensa de los derechos humanos.
Con más de cinco décadas de ministerio, Goic fue reconocido por su sencillez y cercanía con las comunidades, especialmente en tiempos de dictadura, cuando acompañó a trabajadores y sectores populares, lo que le valió el apodo de “obispo rojo”. Su liderazgo trascendió lo pastoral, participando en causas de justicia social como el debate por el “sueldo ético” en 2007, además de mostrar una constante preocupación por los trabajadores, migrantes y personas privadas de libertad.
Mediante un comunicado público, el Obispo de Osorno Carlos Godoy Labraña manifestó que fue “una figura entrañable para nuestra comunidad eclesial. Su legado, lleno de entrega y dedicación pastoral, permanece vivo en el recuerdo agradecido de quienes compartieron su caminar. Fue un hombre de profunda fe y espiritualidad, que supo traducir su relación con el Señor con una especial atención y compromiso con los más desposeídos”.
En tanto, la Corporación de Derechos Humanos Pilmaiquén destacó su permanente cercanía con las demandas sociales y su rol como voz de alerta frente a las injusticias. En su declaración señalaron: “Que descanse en paz, y su legado se quede en el trabajo por un mundo más justo. Amo a la Iglesia que va con su pueblo, sin transigir la verdad, defiende a los perseguidos y anhela la libertad”.
Monseñor Alejandro Goic será recordado como pastor, guía y referente social, cuyo lema episcopal “Cristo es mi vida” sintetizó una trayectoria marcada por la fe, la defensa de la dignidad humana y el compromiso con los más necesitados.
